Publicación: 15 Octubre 2026 –
Una reflexión sobre empresa familiar, relevo generacional y el papel del family office en Cataluña.
En Cataluña, la empresa familiar forma parte de nuestro tejido empresarial. Detrás de muchas compañías hay décadas de trabajo, decisiones compartidas y una voluntad clara de continuidad. Y, casi sin darse cuenta, alrededor de la empresa se va construyendo un patrimonio familiar que, llegado un momento, necesita tanta atención como el propio negocio.
Estas últimas semanas he hablado precisamente de ello en el ARA, a propósito del relevo generacional, y en La Vanguardia, sobre el papel que están asumiendo los family offices.
Al preparar ambas conversaciones pensé que, en realidad, hablábamos de lo mismo: qué pasa cuando una familia empresaria entra en una etapa distinta y empieza a mirar no solo la empresa, sino el conjunto de su patrimonio.

La otra mitad del relevo generacional
Durante años es lógico que casi todo gire alrededor de la compañía: crecer, abrir mercados, invertir y asegurar su continuidad. Pero llega un momento en que conviene levantar la vista. Decidir cuánto patrimonio queremos seguir concentrando en el negocio, qué queremos tener fuera, cómo ordenamos las inversiones realizadas en otros ámbitos y cómo incorporamos a las siguientes generaciones a esas decisiones.
Porque una cosa es crear patrimonio y otra, muy distinta, aprender a gobernarlo.
El relevo generacional suele abordarse desde la empresa: quién dirige, quién se incorpora o qué papel juega cada miembro de la familia. A menudo falta la otra mitad de la conversación: el relevo patrimonial. La siguiente generación puede querer continuar vinculada al proyecto, incorporar socios o vender. Ninguna de esas opciones es, por sí sola, un éxito o un fracaso. Lo importante es haber pensado con tiempo qué viene después.
De familia empresaria a familia inversora
El cambio puede ser enorme. Una familia que durante treinta o cuarenta años ha tenido buena parte de su riqueza concentrada en una empresa que conoce al detalle puede encontrarse, tras una operación corporativa, ante un escenario completamente nuevo. Hay que decidir cómo invertir, cuánto riesgo asumir, qué liquidez mantener y qué papel deben tener el inmobiliario o las inversiones ilíquidas. Pasar de familia empresaria a familia inversora no ocurre de un día para otro. Exige planificación y una forma distinta de tomar decisiones.
¿Cuándo empieza a tener sentido un family office?
Es ahí donde un family office puede empezar a tener sentido. No tanto porque exista una cifra mágica de patrimonio a partir de la cual sea imprescindible, sino porque la complejidad suele importar tanto como el volumen. Cuando conviven varios bancos, sociedades, inmuebles, fondos, participaciones empresariales o inversiones en distintos países, es fácil que cada decisión tenga lógica por separado y que, aun así, el conjunto no responda a una estrategia común.
Para mí, uno de los riesgos más claros es precisamente ese: acumular buenas inversiones sin tener una verdadera estrategia patrimonial. Profesionalizar la gestión no significa complicarla; significa poder mirar el patrimonio como un todo. Entender qué rentabilidad necesita realmente la familia, cuánto riesgo puede asumir, qué liquidez va a necesitar y qué función cumple cada activo dentro del conjunto.
Y ordenar el patrimonio no significa ponerlo todo en un mismo sitio ni romper con los asesores de confianza. Una familia puede seguir trabajando con varias entidades, custodios, gestoras, abogados o fiscalistas. El valor está en disponer de una visión agregada, saber qué se tiene, por qué se tiene y cómo encaja cada pieza. En ese terreno, un multi family office en Barcelona puede aportar valor a muchas familias de Cataluña: coordinando, comparando y dando una dirección común a decisiones que hasta entonces podían haberse tomado de forma aislada.
La independencia como punto de partida
Hay otro punto que para mí es esencial: la independencia. Separar asesoramiento, producto y custodia permite trabajar con arquitectura abierta, comparar alternativas y elegir las soluciones que mejor encajan con cada familia, con independencia de quién las gestione o dónde estén depositadas.
Así entendemos la gestión patrimonial en Diaphanum. Desde nuestra oficina de Barcelona trabajamos con familias empresarias, grandes patrimonios, fundaciones y family offices de Cataluña partiendo de una idea muy sencilla: antes de hablar de productos o inversiones concretas, hay que entender a la familia. Qué quiere preservar, qué necesita, qué objetivos tiene y qué horizonte contempla. A veces habrá que cambiar cosas y otras veces no. Muchas veces, el verdadero trabajo consiste en ordenar, coordinar y dar sentido a lo que ya existe.
Decidir antes de que sea urgente
Si algo extraigo de estas conversaciones es que las decisiones patrimoniales importantes se toman mejor antes de que sean urgentes. Antes de vender una empresa, antes de recibir una herencia, antes de afrontar un relevo generacional o antes de que el patrimonio se haya dispersado tanto que resulte difícil incluso para la propia familia tener una visión clara del conjunto.
Durante años, muchas familias empresarias catalanas han dedicado una enorme energía a profesionalizar sus compañías. Para muchas de ellas, el siguiente paso será aplicar esa misma exigencia al patrimonio: darle estructura, coherencia y continuidad para las generaciones que vienen después.
Habla con un asesor financiero
Anna Olsina
Directora de Diaphanum Cataluña



